ni aquellas golondrinas,
de tus ojos el iris,
que jamás fue pupila,
azul seguirá siendo
después de tantos lustros.
Ni sonrisas ni cielos,
ni miradas ni mundos,
ni el beso jamás dado,
ni lo que nunca supe
que a cambio te daría.
Las tierras y los cielos
de sonreír dejaron
después de tantos años,
mi ánima no alumbra
ningún rayo de sol,
el tiempo te apartó
y verte ya no pude.
Como fue Julia Espín
para Gustavo Adolfo,
tu eras mi poesía,
junto al volcán la rosa,
en plena adolescencia,
en tiempos de furores,
te hablaba con los ojos,
con ellos te besaba.
Ahora, entre recuerdos
de lo nunca fue,
de amores no cuajados,
de sueños no vividos,
camino hacia el otoño
con la sangre tranquila,
y al ver aquel pretérito,
después de tantos lustros…
ya no eres poesía.