Hoy inició una nueva aventura literaria, el principio de una novela, una idea que, poco a poco, ha ido surgiendo en mi imaginación hasta tenerla lo suficientemente madura, y que, por fin, pase de las ideas al papel, o, mejor dicho, al procesador de textos. Como todo aquello que hago, siempre intentó buscar esa originalidad que haga de cada uno de mis escritos algo diferente, que no se parezca al resto, pero entre la inmensidad de toda la historia de la literatura, está claro que eso puede resultar imposible, aunque uno lo intente. De todas formas, respecto a mis otras obras, tiene sus semejanzas, por supuesto, pero esta vez también se aleja un poco. Volverá a aparecer la literatura dentro de la literatura, volverá a ser una novela de misterio, aunque no tanto como el resto, volverá a tener su particular historia de amor, pero se centrará más en lo que supone el anhelado éxito para un artista, esa fama que es tan difícil conseguir, en este caso para un escritor, al que a la vez, por su apocado carácter, también le da cierto vértigo salir de su zona de confort y situarse en esa élite de los elegidos y lo que ello le pudiera reportar. Una historia contemporánea, con muchas reflexiones, con muchos giros... y que habrá que leerla con mucha atención porque mi intención es desconcertar al lector a lo largo de las páginas para obligarle a llegar hasta el final y entender la novela.
Hoy es 15 de enero, hace exactamente 96 años que nació mi padre, el día elegido para empezar un nuevo proyecto, para que, desde esas alturas donde se elevó hace ya casi 13 años, seguro que me verá cómo escribo, y tal vez puede llegar a ser testigo privilegiado desde el otro mundo, quién sabe, de que una novela que habla del éxito sea capaz de alcanzarlo.
Por último, solo me queda decir el título de la novela, ese que tengo claro incluso antes de empezar a escribir, Las dos vidas. Igual el tiempo hace que lo cambie, aunque lo dudo mucho.